jueves, 13 de septiembre de 2012

El deseo sexual es natural y positivo


Hace menos de 3 años leí la siguiente noticia:

Luis Alfonso Sánchez, un campesino del municipio de San Pablo, en el norteño departamento de Bolívar, dijo a periodistas que se mutiló los testículos porque tenía problemas sexuales con su mujer pero no quería serle infiel tras ¡6 AÑOS SIN SEXO CON ELLA!.

Sánchez añadió que encontró en la Biblia, en el capítulo 18 del evangelio de San Mateo, el paisaje que dice: “Si tu mano o tu pie te hace pecar, córtatelo y arrójalo porque más te vale entrar en la vida manco o cojo que ser arrojado al fuego eterno con tus dos manos y tus dos pies”.

El agricultor precisó: “cogí una cuchilla de afeitar con la que me corté y me saqué los testículos y me cosí con las agujas e hilo que uso con las vacas y los cerdos, para no serle infiel a mi mujer”. Pero al acoger literalmente el versículo y cortar de raíz con la tentación, no solamente le dejó una herida y un vacío, sino también una grave infección.

¿De verdad alguien duda de lo pernicioso que es que un hombre adulto sano se vea obligado a la abstinencia sexual (como por ejemplo obliga la religión católica a sus curas), de verdad alguien duda del daño psicológico que provoca el enseñar que la Biblia -incluyendo textos que muchas veces defienden la violencia, el machismo, la esclavitud etc.- está inspirada por Dios y será alguien capaz de negar que el complejo de culpa provocado por una religión que demoniza algo tan natural como la práctica sexual y que amenaza con la condenación eterna si no se cumplen unas normas que es indemostrable sean órdenes directas de Dios, es una influencia negativa en la vida humana?

¿Cómo se atreve la iglesia católica a llamar antinatural al placer que siente un hombre con otro hombre o una mujer con otra mujer e impulsar una práctica tan dañina y tan ajena a la Naturaleza como el celibato? Todo esto en una religión especialmente involucrada en delitos sexuales de sus miembros. Y es que pensando racionalmente, ¿Quien es más probable que cometa un delito sexual, alguien que ve el sexo como algo natural y que lo practica regularmente o alguien que se pasa años de abstinencia y encima siente vergüenza de sus propios deseos por el peso de la culpa?

Cuando existe un problema tan enorme como para que una persona que enseña moral cristiana se vuelva un auténtico demonio –curas pederastas- hay que analizar muy bien las causas para erradicar la enfermedad en su origen y que no se repita. Repito, ¿Qué hace la iglesia católica -responsable civil subsidiaria según las leyes, a mi juicio culpable por demonizar el sexo- para evitar que esto vuelva a ocurrir? Les doy una idea: que no provoquen que nadie se sienta culpable por sentir deseo sexual

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