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miércoles, 23 de mayo de 2012

La verdadera deuda de la Humanidad

La humanidad tiene la suerte de conservar –en gran parte- los avances que otros humanos han hecho. Desde que nacemos el médico sabe lo que debe hacer pues lo ha aprendido de toda la experiencia acumulada como raza, así como nuestros padres saben qué deben darnos de comer y recibimos una educación en la que no partimos de cero sino que tenemos el inmenso caudal cultural que nos han legado nuestros antepasados.

Gracias a ellos y, sobre todo, a los medios de comunicación -especialmente la escritura- por los cuales esa sabiduría se ha salvaguardado desde la Antigüedad hasta nosotros cada generación no debe iniciar el camino que desde los primeros primates hasta nuestros padres se ha recorrido. Ya sabemos cómo funciona un coche, ahora nuestra labor es mejorar ese coche y mientras conozcamos la cultura que nos ha sido donada por los siglos difícilmente entraremos en una decadencia científica pues tenemos muchísimo avanzado. Por desgracia, ciertos conocimientos se han perdido pero muchos han pervivido y gracias a las memorias electrónicas podemos conservar mucha información.

Esa es la grandeza de nuestra raza, al igual que los animales por instinto saben qué deben hacer para comer, reproducirse, defenderse etc., nosotros debemos no perder nuestros instintos pero desde luego dejarlos en un segundo plano ante todo el avance que nuestra Historia nos ha legado. No nos hace falta aprender a cazar ni practicamos el sexo –la mayoría- para reproducirnos, intentamos convertir hasta el hecho cotidiano de comer en un arte (la gastronomía) y hasta hemos encontrado la forma de que sea más placentero el momento de defecar.

Al final yo tengo fe en que todo ese progreso nos lleve a trabajar cada vez durante menos –pues por desgracia no es una mayoría la que trabaja por vocación- tiempo y dediquemos nuestra vida al ocio como de hecho está ocurriendo ya en los últimos decenios. Pero no debemos olvidar que todas las comodidades que una persona corriente tiene ahora y que hace 500 años no tenía el rey más poderoso de la Tierra son fruto del trabajo de muchas generaciones y que no es la primera vez que el progreso humano involuciona (en líneas generales la Edad Media europea fue una época de mayor atraso que el Imperio Romano a pesar de los más de diez siglos que los separan) por lo que debemos estar alerta.

Así pues, tenemos la obligación, por lo menos, de conservar lo que nos ha sido legado aunque no sepamos mejorarlo pues con un solo genio puede mejorar el nivel de vida de generaciones (ahí tenemos por ejemplo el descubrimiento de la penicilina) pero también basta uno sólo (ahí tenemos las armas nucleares y biológicas) o un puñado para incluso destruir la vida en todo el planeta. Debemos luchar por la humanidad pues a ella pertenecemos y su legado es el que nos ha proporcionado la vida, si alguno quiere añadir a Dios es cosa suya pero no es necesaria su existencia para tener buenos motivos para no ser una persona destructiva y sí consciente de que la bondad de uno puede ayudar a mejorar la vida de toda la raza, ahora y en el futuro.

No nos desanimemos pensando en toda la maldad que hay en el mundo pues quien conoce la Historia sabe que ha sido la violencia –por desgracia- el principal motor de ella pero eso no desvirtúa que hoy por hoy –por poner un ejemplo muy claro- en una gran parte del mundo los menos favorecidos (tanto económica como física y mentalmente) vivan muchísimas veces mejor que en cualquier momento de nuestra Historia. Así pues, no perdamos el caudal acumulado…

miércoles, 16 de mayo de 2012

Mix

EE.UU.: desde su fundación en 1776 ha estado en guerra con alguien durante 214 años y en paz completa sólo en 21 años.

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Cayetano Gutiérrez Pérez:

Cuando se habla de la subida del nivel del agua del mar, como consecuencia del cambio climático, muchas personas piensan que esto se debe solamente al agua procedente de la descongelación parcial de los casquetes polares, glaciares, y la nieve existente en la Tierra, pero esto no es totalmente cierto.

La mitad de la elevación del nivel del mar se debe a la expansión térmica de los océanos, y la otra mitad a la reducción de las capas de hielo del planeta. A pesar de todo, si se descongelase, por ejemplo, toda la Antártida el nivel del agua del mar subiría unos 75 m.

Por último, conviene resaltar que el hielo, que se encuentra sobre el mar (iceberg, etc.) no contribuye a la subida del agua del mar, como podríamos comprobar con el siguiente experimento: Si tenemos un vaso lleno de agua, hasta el borde, con unos cubitos de hielo flotando en el mismo, al descongelarse el hielo no se derramará ni una gota de agua, ya que el volumen de todo el hielo coincide con el volumen del agua líquida desplazada por éste.

Vemos pues, que la subida del agua del mar también se debe a la dilatación del agua de los mares y océanos, que como todos los cuerpos se dilata al aumentar su temperatura, incrementándose su volumen, en una cantidad suficientemente apreciable como para suponer subidas de centímetros o metros según sea el incremento de la temperatura.

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Impresionante viajero
http://www.jorgesanchez.es/

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Jorge Alcalde:

Resulta que los antropólogos han puesto la lupa en uno de los comportamientos más arraigados en nuestra humana condición: el deseo de saber cosas de los demás. Y nos cuentan que ya cuando éramos primitivos habitantes de la cavernas, el chisme funcionaba como catalizador social.

Nuestros ancestros tenían pocas oportunidades de contacto con congéneres extraños a su propio clan. La vida social del cromagnon se reducía al trato con los pocos individuos de su parentela y los esporádicos encuentros con seres de otras familias que invadiesen su terreno natural. Así las cosas, existía poca práctica en el establecimiento de alianzas, en la distinción a primera vista entre amigos y enemigos. Y, sin embargo, esa distinción podría ser vital para establecer pareja, saber con quién se podía compartir alimento o defenderse de la rapiña de enseres.

Fue así como los individuos mejor dotados para la empatía, es decir, aquellos cuyo cerebro desarrolló mejores herramientas para detectar el estado de ánimo del prójimo, gozaron de una mayor expectativa de supervivencia y distribuyeron mejor sus genes. De algún modo, nuestra mente es genéticamente heredera de los más cotillas de nuestros ancestros. Nosotros, como ellos, sentimos una atracción especial por las noticias de la vida cotidiana del vecino. Priorizamos las malas nuevas si se trata de vecinos que nos disgustan y disfrutamos más aún conociendo datos íntimos del devenir de seres especialmente prominentes. Hace 30.000 años, un ser prominente era un macho alfa, un competidor por la pareja o la comida, un individuo especialmente poderoso. Hoy, alguien especialmente expuesto a los medios de comunicación.

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Más de la mitad de los niños nacidos en el siglo XXI en los países desarrollados superará la barrera de los 100 años si la evolución de la esperanza de vida continúa aumentando en la misma proporción que hasta ahora.