viernes, 30 de septiembre de 2011

Mix


Según la escritora Kitty Burns Florey, el arte de escribir a mano va en descenso de una forma tan rápida que una escritura corrida y común podría convertirse en algo tan difícil de leer como un manuscrito medieval. “Cuando tus tataranietos encuentren una antigua carta en el ático de la casa tendrán que llevarla a un especialista, a un señor mayor en la biblioteca que tendrá que descifrar lo que está escrito”, comenta Florey, autora del libro “Caligrafía y garabatos: auge y caída de la escritura a mano”

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46 centímetros. Este número delimita la distancia íntima de la meramente personal, según dijo el antropólogo Edward T. Hall en la década de los sesenta. A tal efecto, Hall inventó el término proxémica referido al uso que el ser humano social hace del espacio existente entre dos o más personas. Según sus estudios, cualquier aproximación más allá de este espacio por individuos que no tienen una relación especialmente profunda con nosotros, provoca una desagradable sensación de invasión.

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El inglés, nacido en 1903 y fallecido en 1983, Willian McIlroy, sin tener ninguna enfermedad más que las normales y usando más de 20 nombres falsos consiguió que durante más de 100 hospitalizaciones en todo el país le intervinieran quirúrgicamente ¡más de 400 veces! Hasta que se “retiró” definitivamente, por supuesto, yendo a un asilo para que le cuidaran los médicos esta vez con razón. El máximo tiempo que estuvo sin sufrir una operación fue de 6 meses, es el ejemplo más claro de “enfermo imaginario” que se conoce.

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Un estudio realizado en Estados Unidos con 10.000 estudiantes durante un periodo de 35 años concluyó que los que ganaban más dinero de adultos eran aquellos que tenían más amigos en la escuela. Cada amigo extra en el colegio añadió un 2% a su sueldo.

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En plena prueba de Maratón de las Olimpiadas de San Luis en 1.904, en un muy caluroso día de agosto, el atleta Fred Lorz, más conocido con el mote de “El camionero”, sintió un tremendo dolor en una de sus piernas, el calambre le frenó en seco y lo dejó tirado en la cuneta de una polvorienta carretera local. Poco después acertó a pasar por allí un bonachón habitante del lugar en su vieja camioneta.

Tras contarle Lorz lo que le había pasado, le dijo al camionero si le podía llevar hasta la puerta del estadio para pasar a recoger sus cosas que había dejado allí. El camionero se apiadó del dolor que tenía en la pierna y le llevó.

Pero cuando faltaba una corta distancia para llegar al estadio, la vieja camioneta se estropeó. Como parecía que iba para rato, Fred Lorz decidió, ya que se encontraba bastante mejor del calambre, ir por su propio pie al estadio por lo que se despidió de su acompañante dándole las gracias.

El caso es que cuando habían pasado 3 horas y 13 minutos de la salida oficial de la prueba Fred entraba al estadio. Al hacerlo, claro, la gente no sabía lo que había pasado, ni entonces había jueces controlando como ahora, y pensaron que era el campeón. El estadio se puso en pie dando una ovación atronadora y Fred decidió que mejor no decía aún nada y así disfrutaría de ser héroe por un minuto, llegó a la meta y le dieron por campeón. La propia hija del presidente Roosevelt, Alice, bajó a fotografiarse con el héroe, abrumado por tanto agasajo, en ese momento, Fred decidió callarse y recoger sus laureles.

Pocos días después el camionero leyó en el periódico que le habían nombrado campeón y se personó ante las autoridades contándoles lo que había pasado, por lo que le quitaron el título a Fred y le suspendieron como atleta para toda la vida, aunque al cabo de un tiempo le perdonaron al ver que no había sido algo premeditado, sino que se dejó llevar en el último momento. Lo curioso es que en carreras posteriores se demostró que hubiera sido perfectamente capaz de haber ganado aquella maratón, pues su tiempo seguía siendo el mejor

jueves, 29 de septiembre de 2011

Contra la sed de alcohol...

This picture was taken in Washington DC in 1926, and is shows a woman with a garter flask. The garter flask was used to hide whiskey during prohibition. Prohibition was in effect in the US from 1920 to 1933.

martes, 27 de septiembre de 2011

San francisco 1912

This picture of San Francisco was taken in 1912. It shows the Crocker Building on the corner of Post and Market Streets.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Mix

El coronel Sir Archibald David Stirling era un escocés que sirvió en el ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial. Su labor fue importante, ya que nada más y nada menos fue uno de los fundadores del SAS (Special Air Service).
En un momento determinado, le autorizaron a doblar el número de efectivos a su servicio por la buena marcha de sus acciones. Seleccionó para engrosar sus filas a la compañía de paracaidistas del capitán Bergé, de la Francia Libre. Coincidió aquello con una “rabieta” de Chales De Gaulle con los ingleses, que le llevó a decir que ningún soldado francés serviría bajo mando de un inglés.
Frente a la negativa, Stirling viajó hasta Beirut y se entrevistó con De Gaulle. Este escuchó con respeto y hasta encontró razonable la petición, pero siguió en su postura: ningún francés bajo mando inglés. En la despedida, Stirling, resignado, le dijo al general que era la primera vez que un escocés testarudo no conseguía su propósito.
Al momento De Gaulle dijo: “¿Escocés? ¿Por qué no lo ha dicho antes?” Y como no era inglés sino escocés, el francés accedió a la petición y Stirling tuvo sus 100 paracaidistas.

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En el año 1630 cuando el muy famoso cardenal Richelieu hacía de las suyas en Francia no había demasiados modales en la mesa. La mayoría de los varones habitantes de Francia sólo tenían (si lo tenían) un cuchillo. Aquella arma servía para todo, para apuñalar al adversario en una riña, para cortar la comida o para abrirle la panza a un animal, todo se hacía con el mismo cuchillo. Tan sólo los nobles tenían algún cuchillo más para diferentes usos. Los aristócratas que poseían varios, por supuesto como Richelieu, cuando tenían invitados a comer en casa, aunque nunca era un número excesivo, ponían cuchillos especiales para comer, algo que sólo se hacía en casas de elevada posición y que daba un toque de distinción y de categoría, pero sus invitados tenían una costumbre que sencillamente ponía los pelos de punta al cardenal Richelieu y a cualquier comensal un poco decoroso. Lo que hacían durante y después de las comidas era que utilizaban el cuchillo para sacarse de los dientes los restos de comida. Además más de una vez los cuchillos de mesa de la época que terminaban en punta como todos eran utilizados como arma en alguna que otra disputa en la mesa.
El caso es que en ese año el cardenal, harto de los repugnantes actos de sus comensales con los cuchillos que ponía a su disposición en la mesa con lo caros que le costaban, ordenó a sus criados que limaran las puntas de todos los que se usaban para la mesa. Al tener las puntas romas ya no servían para tan repulsiva costumbre. Lo que hizo el cardenal fue imitado rápidamente por muchas otras casas de la nobleza francesa que también ponían cuchillos a disposición de los invitados, por lo que estos no usaban los suyos propios como era costumbre y poco a poco se fue extendiendo la práctica y por eso desde entonces, y ya han pasado casi 400 años, en nuestras mesas los cuchillos que utilizamos para la comida en general, ya que hay excepciones, son de puntas redondeadas. Así que según los investigadores de historia de la gastronomía el inventor del cuchillo de mesa es sin duda el temido, por otros motivos ajenos al decoro en la mesa, Cardenal Richelieu.

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Para que veamos que no es novedad la desvergüenza de por ejemplo Telecinco de premiar a los delincuentes con sumas millonarias:
En 1972, un estudiante llamado Arthur H. Bremer disparó contra el gobernador de Alabama, George Wallace, condenándole a una silla de ruedas hasta el fin de sus días. Detenido en el acto, Bremer preguntó a los policías que le leían sus derechos: “¿Cuánto creen que me darán por mi autobiografía?”

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Jorge Alcalde (resumido):
La Tierra es un planeta vivo, si se entiende como tal un planeta activo, en contraste con otros (Marte, sin ir más lejos) cuya actividad geológica parece llevar milenios adormecida. Nuestro globo habitable es un caparazón de rocas que flota sobre un corazón hirviente y líquido (al menos cuasi líquido). El descubrimiento de la tectónica de placas, en el siglo XIX, nos reveló un planeta cambiante, mutable. Es verdad que cambia muy lentamente, pero hoy sabemos que los continentes estuvieron un día unidos en un supercontinente primordial… y que volverán a estarlo, nos guste o no. Bajo ellos bulle un submundo caliente casi exclusivo en el Sistema Solar.
Para que un planeta esté geológicamente activo deben coincidir demasiadas circunstancias. No ha de ser demasiado grande (para que no se enfríe muy rápido) ni demasiado pequeño (para que la actividad no le resulte insoportable). Ha de estar a la correcta distancia de su sol, tener la forma adecuada, girar a la velocidad pertinente. La Tierra es como es porque ocupa un espacio privilegiado en el cosmos.
Pero tener un planeta activo no sirve sólo para alimentar nuestro ego geológico. Precisamente el modo en que la Tierra rota sobre su eje y arrastra en su movimiento su contenido licuoso (a un ritmo latente diferente, único) es el responsable de que se hayan formado poderosos campos magnéticos, que hacen las veces de escudo protector ante las inclemencias del espacio exterior (lleno de radiaciones y vientos solares mortales). La masa terrestre, además, es perfecta para albergar una atmósfera: si fuera mayor, los gases habrían quedado atrapados demasiado cerca de la superficie por efecto de la gravedad; si fuera menor, ésta no habría podido retener el velo atmosférico alrededor del planeta. Los movimientos de la piedra inerte, sus interacciones, su temperatura, su masa…, todo hace del suelo terrestre el lugar ideal para que cuaje ese prodigio celular que llamamos vida.

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Corría el año 1904 en un hogar londinense. Allí vivía un niño de tan sólo cinco años de edad que tenía un padre amante de la disciplina más exagerada que uno pueda imaginar. Un buen día el niño cometió una pequeña travesura propia de un niño tan pequeño. Pero el padre de Alfred Joseph, que así se llamaba el pequeño y que además profesaba una religiosidad radical, temeroso de que su niño anduviera camino del fuego eterno, se fue a su despacho y escribió una carta. A continuación llamó al pequeño Alfred y le ordenó que se acercara a la comisaría de policía que estaba cerca de casa y le diera al responsable que era amigo del padre la carta. Alfred se fue a la comisaría y le doy la carta al comisario.

En la carta el padre había pedido al comisario que encerrara a su hijo de tan sólo cinco años aquella noche en la cárcel para que mientras le encerraba le dijera que “así terminan los chicos malos” y aprendiera la lección. El caso es que el pequeño Alfred fue llevado a una celda hasta la mañana siguiente. Aquello marcó a ese niño para siempre como él mismo reconoció, causándole una fobia a la cárcel. No obstante, aquel niño fue famoso, muy famoso, seguro que ustedes sabrán quién era el pequeño Alfred si les digo que su apellido era Hitchcock. Según muchos de sus biógrafos aquella experiencia infantil le marcó tanto que las fobias creadas salieron a relucir en el comportamiento de muchos de aquellos criminales que poblaron su filmografía.

martes, 20 de septiembre de 2011

viernes, 16 de septiembre de 2011

La envidia ecuestre de Felipe IV


En esta fotografía se puede apreciar con detalle la principal peculiaridad de este momumento a Felipe IV, y es que es la primera estatua ecuestre del mundo en la que el caballo sólo está apoyado sobre sus patas traseras. Este pequeño detalle, hacía muy complicado que en el siglo XVII se pudiera llevar a cabo.
Felipe IV, que era un envidioso, quería una escultura ecuestre como la que tenía su padre (vease Estatua ecuestre de Felipe III), pero además pretendía que el caballo no estuviera estático, si no que fuera al galope. Algo bastante espectacular para la época. De ahí que en la foto se aprecien su capa volando al viento. El proyecto le cayó a un escultor italiano llamado Pietro Tacca, al que le hicieron llegar un par de bocetos de Felipe IV pintados por Velázquez de forma que el escultor tuviera un modelo en el que basarse.
El escultor inmediatamente se dio cuenta de que iba a tener un problema con el rey de España o con la estatua, ya que esta no se sostendría debido al peso que tenían que soportar las patas traseras. A partir de aquí, la historia tiene un aura de leyenda, si embargo parece ser que es cierta: el escultor acudió al mismísimo Galileo Galilei para ver si le podía solucionar el problema, y puesto que realmente se trata de un problema del centro de gravedad, sugirió que para desplazarlo sobre la parte de sustentación, es decir las patas traseras, lo único que debía hacer es hueca la parte delantera de la estatua y maciza la posterior. De esta forma el centro de gravedad caía sobre la base de sustentación. Así es como lograron, gracias a Galileo, mantener la enorme escultura en esa delicada posición de equilibrio.
Se envío a Madrid un modelo en barro de la estatua y para espanto de su majestad, se dieron cuenta que la persona montada a caballo no se parecía al rey ni de lejos. Así que hubo que buscar un escultor que hiciese la cabeza. Velázquez contactó con Juan Martínez Montañés, escultor de reconocido prestigio de la escuela sevillana, para encargarle el trabajo, que éste aceptó y finalizó con un resultado que satisfizo al rey Felipe IV
De este monumento se dice que es la mejor escultura ecuestre de España y que está entre las tres mejores del mundo. Hoy la podemos disfrutar en la Plaza de Oriente, delante del Palacio Real.
Fotógrafo: Juan Antonio Jiménez
Fuente (también del texto): www.fotomadrid.com